domingo, 29 de abril de 2007

La magia negra que amenaza al DVD

Image Hosted by ImageShack.us Se llama Vudu y es la nueva sensación tecnológica nacida en Silicon Valley. Un dispositivo que permite bajar películas (previo pago) de videoclubes online y comenzar a verlas inmediatamente en cualquier televisor sin necesidad de engorrosas conexiones ordenador-TV. Sus creadores, que hablan para The New York Times hoy, afirman que será una revolución de impacto superior incluso a la del omnipresente (en Estados Unidos), TiVo, que es básicamente un disco duro que hace posible grabar programas de televisión y verlos cuando a uno le apetezca. Con Vudu, se dice en el reportaje, la Era del Libre Acceso y la Gratificación Instantánea da un paso adelante: el aparato es no sólo eficiente y de interfaz sencilla, sino que se aprovecha de redes P2P para las descargas. No es barato: su precio de salida es de 300 dólares. Pero TiVo enfrentó en su momento el mismo problema y sigue su camino triunfal años después de su nacimiento.

En la industria cinematográfica no hay todavía ninguna voz que anuncie en serio la muerte del DVD, pero los pasos dados últimamente por Netflix (un videoclub online de enorme popularidad que pone en tu hogar uno o más DVDs cada dos o tres días) y Blockbuster, dan alguna pista de por dónde irán los tiros en el futuro: las descargas de películas a través de líneas de alta velocidad, sin necesidad de engorrosos soportes o esperas por culpa de la lentitud del servicio de correos.

lunes, 2 de abril de 2007

Metaversos

Los metaversos fueron una de las promesas más audaces de la ciencia ficción de finales del siglo pasado. Snowcrash, Ciudad Permutación o los tempranos esfuerzos de los voluntariosos Bruce Sterling y William Gibson. Pero al igual que pasó el 1984 sin que la policía del pensamiento impusiese su dominio (o sí), y que pasó el 2001 sin que descubriésemos monolitos en la Luna, Internet llegó para quedarse pero la gente sigue viviendo el mundo real con plenitud. O no.

Second Life, el metaverso creado en 2003, dio hace algún tiempo el paso de curiosidad novedosa a fenómeno cultural. Cierto es que no le faltan críticos (como a cualquier otra iniciativa colaborativa, por cierto), y que la cobertura mediática que ha generado ha sido excesiva, pero como experiencia de universo de crecimiento orgánico e incontrolado tiene pocos equivalentes. Reuters tiene incluso un reportero dentro del entorno virtual. Otros medios, como El País, también han hecho sus pinitos. La comunidad Second Life tendrá incluso su propio tabloide sensacionalista.

Second Life despierta mi curiosidad no como mero juego online, sino por sus posiblidades como herramienta educativa. En este reportaje de The New York Times se relata cómo varias universidades norteamericanas han comenzado a adquirir "islas" donde llevar a cabo clases virtuales. Linden Lab, la compañía creadora del programa, cobra unos mil dólares por cada isla, más una cuota por mantenimiento. Las imágenes que acompañan al texto de la noticia son, cuando menos, curiosas. Sarah Robbins, estudiante de doctorado en Ball State University (Indiana), es una de las académicas más activas en el estudio de este lado innovador de las comunidades virtuales. Su sitio personal contiene información de gran interés, incluyendo links a varias de sus conferencias, como la que ofreció en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (Carolina del Norte). Francamente interesante.